Intentemos imaginar una Escocia particular. Una con turberas y columnas de niebla espesa como la cera, que solo el agudo llamado de una gaita puede atravesar, si es lo suficientemente persistente.
La de los clanes y los hombres que descienden a las tierras bajas para conversar, y tal vez luchar. Ahora quizá sea más fácil imaginar esta malta con el nombre más gaélico de todos, que parece surgir de un códice de una abadía medieval. Uno de esos tesoros en los que un amanuense (ora et labora…) fue llamado a trabajar arduamente durante toda su vida. Si lo desea, vaya un paso más allá e invoque al Señor de los Anillos con todos sus dragones, orcos y elfos… Nos hemos detenido ante el monje que se encuentra en el íncipit de un clásico, uno nunca antes copiado.
Nota de Cata
El primer brillo que notamos es el de una nariz muy rítmica con picos compuestos por alternancias. Inmediatamente después, vemos una cualidad propia de los clásicos de Speyside: pan, levadura, fruta y hierba húmeda de la pradera. Luego, pasamos página para descubrir matices balsámicos de romero, orégano y lavanda. El paladar está bien definido, con un sabor seco, sabroso y sabroso, con ricas características. El final es apenas afrutado, muy balsámico y mineral. Un whisky que une las diversas cualidades de Speyside y Highlands para combinarlas (afortunadamente) en un todo único y original. Como suele ser el caso, o siempre, nuestro objetivo es el de hacer. Nada más.













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